El deseo no se “pierde para siempre”; puede dormirse por factores biológicos o emocionales. Con estrategia y apoyo, la chispa puede encenderse nuevamente.
La caída gradual de estrógenos y testosterona puede reducir deseo, lubricación, erección y facilidad para llegar al orgasmo. Con evaluación integral y hábitos adecuados, esto puede mejorar.