Artículo – De la prehistoria a hoy: genética humana, nutrición y potencial de longevidad
1. Potencia genética intacta
Investigaciones sobre supercentenarios indican que el “techo” biológico humano ronda 115–120 años. El límite no cambió; sí lo hizo nuestro entorno.
2. Dieta paleolítica y salud basal
Durante 2,5 millones de años, cazadores‑recolectores consumieron carnes magras, vísceras, pescado, frutos, raíces y grasas naturales. Sus genes se adaptaron a carbohidratos complejos y fibra, no a azúcares ni harinas concentradas. Su microbiota —diversa y antiinflamatoria— contrasta con la occidental actual.
3. Agricultura e industria: declive nutricional
El grano refinado desplazó proteínas densas en micronutrientes. Estudios comparativos muestran descenso de minerales y fitonutrientes en vegetales modernos frente a los de hace décadas. La revolución industrial añadió exceso de azúcar, aceites ultraprocesados y aditivos, detonando inflamación crónica y resistencia a la insulina.
4. Gluten y permeabilidad
Trigos modernos aportan fracciones proteicas más reactivas; incluso en personas no celíacas pueden aumentar la permeabilidad intestinal y activar la respuesta inmune innata.
5. Recuperar el potencial de longevidad
- Proteína de calidad: carnes de pastura, vísceras, pescado azul → aminoácidos, hierro hemo, vitamina A y omega‑3.
- Grasas naturales: oliva, palta, coco, frutos secos → energía estable y soporte hormonal.
- Carbohidratos inteligentes: verduras fibrosas, raíces moderadas, frutos de temporada → evitan picos de glucosa.
- Fermentados y caldo de huesos: nutren microbiota y colágeno.
- Ayuno nocturno ≥ 12 h: favorece autofagia y control glucémico (sin llegar a cetosis estricta).
- Movimiento diario: fuerza + caminatas → estimula reparación mitocondrial.
- Estrés mínimo y sueño profundo: regulan cortisol, clave para inflamación y metabolismo.
Mensaje final
Nuestro genoma sigue preparado para una vida larga y funcional. No se trata de volver a las cavernas, sino de rescatar principios ancestrales —alimentos densos y ausencia de ultraprocesados— y combinarlos con la ciencia moderna. Así reactivamos la longevidad que la mala nutrición ha erosionado.
