El sueño no es “tiempo perdido”: es el taller donde el cuerpo repara. Dormir 7–8 horas continuas mejora sensibilidad a la insulina, baja el hambre emocional y estabiliza el ánimo. En el climaterio, priorizarlo es un atajo hacia más energía y mejor composición corporal.
¿Por qué cuesta? Sofocones nocturnos, despertares, cenas tardías, pantallas y preocupaciones. El plan empieza por el entorno: habitación oscura y fresca, ritual de cierre (luz baja, lectura liviana), y cena 3 horas antes, con proteína y verduras (poca o nada de harinas/azúcares). La cafeína, mejor antes de las 14 h. La caminata postcena ayuda a bajar la glucosa y a soltar el día.
Si los sofocones rompen el sueño, evaluar terapia hormonal local/sistémica puede ser clave. La vitamina D en rango y el entrenamiento de fuerza también mejoran descanso con el tiempo. Técnicas simples como respiración 4–7–8 o escribir pendientes descargan la mente.

“Dormir primero” ordena lo demás. Si venís arrastrando noches cortas, lo trabajamos paso a paso y revisamos opciones clínicas.
