
El deseo no es un interruptor; es respuesta a contexto, cuerpo y vínculo. En perimenopausia, las oscilaciones hormonales y el estrés cotidiano suelen “bajar el volumen”. No es fracaso personal.
Con menos estrógenos, la lubricación tarda más y el roce puede molestar. El cortisol alto por sueño corto o sobrecarga mental inhibe la respuesta sexual. A veces se suma la preocupación por el cuerpo cambiante. Mirar todo el cuadro ayuda: confort de mucosa (hormonal local si corresponde), manejo del estrés, tiempo de calidad y, cuando está indicado, apoyo hormonal sistémico cuidadosamente evaluado.
Práctico: programar encuentros sin apuro, sumar juego y caricias sin expectativa de “logro”, usar lubricante desde el inicio y conversar sobre fantasías y límites. El ejercicio de fuerza y el descanso reparador mejoran deseo y ánimo. Si hay caída marcada de energía, ánimo bajo o dolor, vale valorar hierro, tiroides y vitamina D.

Tu deseo es valioso y modulable. Busquemos el equilibrio cuerpo–mente–vínculo con un plan a tu medida.
