Músculo y hueso en sincronía: salud funcional del sistema músculo-esquelético

El cuerpo humano no separa músculo y hueso en compartimentos aislados: ambos interactúan constantemente. Para prevenir fracturas, mantener movilidad y envejecer con dignidad, es clave entender cómo se forma el hueso, qué papel juega el músculo, y cómo el metabolismo —incluyendo los triglicéridos intramusculares— influye en este diálogo.


Formación ósea, paratiroides y vitamina D: el “andamiaje” del esqueleto

El hueso se forma mediante dos procesos complementarios: osificación intramembranosa (en huesos planos) y osificación endocondral (en huesos largos). Células llamadas osteoblastos depositan matriz ósea (colágeno + minerales), que luego se mineraliza con calcio y fosfato para darle rigidez. Al mismo tiempo, los osteoclastos reabsorben hueso viejo, permitiendo remodelación continua.

Ese equilibrio entre formación y resorción es esencial para la homeostasis ósea.

Vitamina D y su rol crítico

La vitamina D (particularmente su forma activa 1,25-dihidroxivitamina D) facilita la absorción intestinal de calcio y fósforo, modulando los niveles plasmáticos adecuados para que los osteoblastos tengan los materiales para mineralizar hueso. Además, tiene efectos directos en el hueso y el músculo. En el sitio de Endoweb se destacan guías latinoamericanas sobre la vitamina D en salud ósea. endoweb.net

Cuando falta vitamina D, se reduce la mineralización, puede aparecer osteomalacia, y el hueso pierde calidad estructural.

La paratiroides como reguladora

La hormona paratiroidea (PTH) responde a bajas concentraciones de calcio plasmático elevando la resorción ósea (liberando calcio), estimulando la conversión de vitamina D a su forma activa, y aumentando la reabsorción renal de calcio. En dosis intermitentes baja, la PTH puede tener efecto anabólico: algunos fármacos para osteoporosis se inspiran en esta acción. Pero si la PTH está crónicamente elevada (como en hiperparatiroidismo), promueve la pérdida ósea.

Nuevas ideas: “hueso dulce” y esteatosis ósea

El concepto de hueso dulce alude a la relación entre el metabolismo del azúcar y la integridad ósea: la idea de que el exceso de glucosa, resistencia a la insulina o disfunción metabólica puede “debilitar” el hueso, reduciendo su calidad incluso si la densidad mineral aparente es normal.

La esteatosis ósea (que algunos estudios sugieren) es la acumulación de grasas o lípidos dentro del tejido óseo u osteoblastos, lo que puede interferir con la formación ósea —similar a lo que ocurre en lo hepático con esteatosis hepática. Si las células del hueso “se llenan de lípidos”, pueden perder funcionalidad o cambio de fenotipo.

Este tema está en expansión, con investigaciones que aún confirman su relevancia clínica, pero es una idea potente: el metabolismo energético, más allá del calcio, importa para la salud ósea.


El músculo como protector frente a fracturas

  • El músculo impone tensiones mecánicas al hueso (estrés por carga), que estimulan la formación ósea local. Es la base del principio “uso o pérdida”: si no ejercitás carga/movimiento, el hueso deja de recibir estímulos y se debilita.
  • Un músculo fuerte amortigua impactos: ante una caída, el músculo puede “absorber” parte de la energía, reduciendo la fuerza transmitida al hueso.
  • Tener buena masa muscular mejora la estabilidad postural, disminuye el riesgo de caídas, que son desencadenantes comunes de fracturas en personas mayores.

Triglicéridos intramusculares y la relación con la salud muscular-ósea

Dentro del músculo esquelético hay un depósito de lípidos llamado triglicéridos intramusculares (o lípidos intramiocelulares), que pueden ser usados como fuente de energía durante el ejercicio. En condiciones saludables, estos triglicéridos se “manejan bien”, es decir, se oxidizan con demanda. En situaciones de resistencia a la insulina o disfunción metabólica, estos lípidos pueden acumularse de forma perjudicial (lipotoxicidad), afectando la función muscular.

El transporte de glucosa al músculo es esencial: el transportador GLUT4 juega un rol clave para captar glucosa durante ejercicio o estimulación insulínica. Si hay resistencia o disfunción en ese mecanismo, la célula muscular trabaja peor metabólicamente, lo que podría repercutir en menor capacidad de contracción, fatiga, menor estímulo al hueso y peor recuperación. En Glut4science se estudian estos mecanismos metabólicos del músculo, su capacidad para utilizar glucosa y lípidos, y cómo eso impacta la salud global. endoweb.net+1

Entonces: un músculo que “metabólicamente funciona bien” (capacidad de captar glucosa, oxidar lípidos, mantener homeostasis) es un músculo más fuerte, eficiente y protector para el hueso.


Recomendaciones prácticas para cuidar hueso + músculo de forma funcional

  • Entrenamiento con carga (pesas, ejercicios de fuerza) 2–4 veces por semana, adaptado a tu nivel. Esto genera estímulo mecánico positivo sobre hueso y músculo.
  • Exposición segura al sol + suplementación de vitamina D según controles (objetivo > 40–50 ng/mL).
  • Dieta rica en proteína de calidad, calcio biodisponible, magnesio y otros cofactores minerales. Evitar dietas muy pobres en calcio o excesivas en refrescos fosfatos.
  • Controlar la función tiroidea, la paratiroidea y niveles de PTH cuando haya factores de riesgo óseo.
  • Evitar sedentarismo prolongado, mantener actividad diaria (caminar, subir escaleras).
  • Favorecer la mejora de la sensibilidad a la insulina (dieta baja en azúcares refinados, ejercicio, manejo de peso) para que los músculos “usen” bien la glucosa y no acumulen lípidos nocivos.

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