DSHA: anhedonia erótica y primeros pasos para recuperar el placer
El Trastorno de Deseo Sexual Hipoactivo (DSHA) va más allá de un “no tengo ganas”. Las guías de salud sexual lo definen como ausencia persistente de fantasías o interés sexual que causa malestar personal o relacional. Quien lo vive describe una sensación de anhedonia erótica: caricias que antes encendían ahora parecen neutras; la mente se salta el pensamiento sexual y prefiere otras distracciones para evitar frustrarse. A veces surge culpa (“estoy fallando”), otras, irritación (“no quiero que me toquen”).
1. Descartar lo físico
- Analítica hormonal (estrógenos, testosterona libre, tiroides).
- Revisión de fármacos (antidepresivos, anticonceptivos, antihipertensivos).
- Valorar dolor pélvico, infecciones urogenitales, sequedad vaginal o disfunción eréctil incipiente. El deseo se desactiva si anticipa dolor o fracaso.
2. Reactivar la biología del placer
- Actividad física regular (especialmente fuerza + intervalos): sube dopamina, endorfinas y testosterona libre, mejora imagen corporal y oxigenación genital.
- Nutrición antiinflamatoria rica en proteínas, omega‑3 y micronutrientes que apoyan neurotransmisores (vitamina B6, zinc, magnesio).
- Sueño profundo (7–8 h): regula hormonas sexuales y el eje cortisol‑dopamina.
3. Reeducar los sentidos (protocolos de focalización sensorial)
- Agendar 2–3 espacios semanales sin obligación de sexo penetrativo. Se explora piel, respiración y temperatura sin meta de “terminar”; el cerebro vuelve a asociar tacto con placer.
- Incluir estímulos multisensoriales: música lenta, luces cálidas, aceites neutros… todo suma señales al sistema límbico.
4. Reiniciar la narrativa interna
- Lista de “recuerdos eróticos positivos” anotados en un cuaderno personal; releerlos antes del encuentro disminuye autocrítica y activa fantasía.
- Conversación abierta con la pareja sobre tiempos, caricias preferidas y miedos actuales. El silencio prolonga la brecha de deseo.
5. Cuándo buscar ayuda especializada
Si tras seis semanas de estas prácticas el deseo sigue ausente o el malestar aumenta, un equipo de medicina sexual y terapia psicológica puede incorporar intervenciones farmacológicas, hormonales locales o terapia cognitivo‑conductual específica.
Mensaje clave: El deseo no se “pierde para siempre”; puede dormirse por factores biológicos o emocionales. Con estrategia y apoyo, la chispa puede encenderse nuevamente.
